Estás garabado a fuego en mis párpados. Cuando cierro los ojos te veo, caminando hacia mi, sonriendo, con las manos en los bolsillos y un casco colgado de tu cuello sonando a tope... Te veo acercarte y decirme "hola señorita, ¿cómo está usted?" y besarme. Todos los días pienso en ti. A veces sin quererlo siquiera.
Quiero ser tu amiga, lo juro. Pero cuando te veo se me olvida el significado de amigos.
Ya no puedo hacer nada y sé que es tarde para llorar. Pero no me doy por vencida; si fuiste mío una vez, ¿por qué no lo puedes ser otra?
Llámame estúpida, grítame, ódiame, pero no te vayas. No hagas como si esto nunca hubiese existido.
¿De qué me sirven tus lágrimas si ya no puedo ir a enjugártelas?
Tengo la sensación de que no me echas de menos, de que todo se ha acabado ¿qué es lo que me faltó por darte? Dios, ojalá estuvieras aquí... Todavía tengo la estúpida esperanza de que un día tendrás el valor de volver y decirme que te equivocaste, que lo sientes. Lo que sea. Pero pasan los días y no estás, no llegas. ¿Dónde estarás? Sal de mi cabeza.