Los pasos a ritmo
rápido, guiados por tus pies,
Tus manos en mi
cintura ,tus ojos en mi boca,
Las vueltas parecían
eternas, o las veces en que nuestras manos se agarraban,
Los buenos, buenos,
buenos movimientos de nuestros cuerpos unidos bajo el compás de la música,
Trazos de letras de
canciones que no conocemos,
El latir de tu
corazón que parece vertebrar la banda sonora del momento,
El olor de tu
colonia,
El roce de tu
camisa,
El tacto de tu
cuello, tu espalda, tu pecho, tu pelo y no querer dejarlo nunca,
La respiración
entrecortada,
Los mordiscos en mi
piel, que todavía arden,
Los labios nómadas
que ,tras apenas horas que parecen años, se encuentran, y bailan,
Y como los pies de
sus dueños, se entrelazan en una bachata infinita,
Los ritmos se
contagian, y en vez de piruetas, sonrisas,
Y en vez de manos
entrelazadas, labios entre dientes,
Y risas, y risas y
risas,
Y vueltas por la
oscuridad más acogedora,
Y música que parecía
lejana, cuya letra cantábamos fielmente,
Abrazos, paredes,
paradas, tú en todas partes,
Y en esa espiral de
verdes, azules, negros y burdeos,
Nos hicimos uno, nos
conocimos por fuera, dejando que hablase lo de dentro,
Nos dijimos que lo
sentíamos por no conocernos,
Nos deseamos un
futuro feliz,
Obviamos la
despedida,
Hicimos planes
fingiendo que los cumpliríamos,
Evitamos aceptar que
somos extraños,
Preferimos no
escuchar nada más que la bachata de fondo y nuestras risas,
Porque eso sí que
era eterno,
Y en ese mismo
instante,
Probamos mil y una
cosas que ,aunque no lo eran, parecían nuevas,
Redescubrimos los
besos, valientes,
Y decoré tu cara con
mi pintalabios, y te dio igual,
Y te reíste otra vez
y mi boca buscó de nuevo no ver que te ibas,
Volver al instante
atemporal que me rescató de ser quien soy,
Pero se había
acabado la canción,
Ya no quedaba un
ritmo que nos guiase,
Y se hizo la luz y
se rompió la magia,
Y como en la
cenicienta, nos fuimos antes de tiempo,
Y la maldita carroza
era otra vez una calabaza,
Y yo ya no era
princesa,
Solo era yo, joder,
solo era yo,
Todos los colores
volvieron a ser brillantes,
Y llegó el adiós,
Tan obvio, tan
opaco, tan tangible como yo misma,
Y se acabaron las
sonrisas,
Se acabó lo bonito
de la espontaneidad,
Y las dudas, los
remordimientos, la maldita soledad,
Reemplazaron esa
pequeña parte de universo infinito que casi alcanzamos a tocar.