martes, 12 de enero de 2016

Oda a un beso perdido.

Los pasos a ritmo rápido, guiados por tus pies,
Tus manos en mi cintura ,tus ojos en mi boca,
Las vueltas parecían eternas, o las veces en que nuestras manos se agarraban,
Los buenos, buenos, buenos movimientos de nuestros cuerpos unidos bajo el compás de la música,
Trazos de letras de canciones que no conocemos,
El latir de tu corazón que parece vertebrar la banda sonora del momento,
El olor de tu colonia,
El roce de tu camisa,
El tacto de tu cuello, tu espalda, tu pecho, tu pelo y no querer dejarlo nunca,
La respiración entrecortada,
Los mordiscos en mi piel, que todavía arden,
Los labios nómadas que ,tras apenas horas que parecen años, se encuentran, y bailan,
Y como los pies de sus dueños, se entrelazan en una bachata infinita,
Los ritmos se contagian, y en vez de piruetas, sonrisas,
Y en vez de manos entrelazadas, labios entre dientes,
Y risas, y risas y risas,
Y vueltas por la oscuridad más acogedora,
Y música que parecía lejana, cuya letra cantábamos fielmente,
Abrazos, paredes, paradas, tú en todas partes,
Y en esa espiral de verdes, azules, negros y burdeos,
Nos hicimos uno, nos conocimos por fuera, dejando que hablase lo de dentro,
Nos dijimos que lo sentíamos por no conocernos,
Nos deseamos un futuro feliz,
Obviamos la despedida,
Hicimos planes fingiendo que los cumpliríamos,
Evitamos aceptar que somos extraños,
Preferimos no escuchar nada más que la bachata de fondo y nuestras risas,
Porque eso sí que era eterno,
Y en ese mismo instante,
Probamos mil y una cosas que ,aunque no lo eran, parecían nuevas,
Redescubrimos los besos, valientes,
Y decoré tu cara con mi pintalabios, y te dio igual,
Y te reíste otra vez y mi boca buscó de nuevo no ver que te ibas,
Volver al instante atemporal que me rescató de ser quien soy,
Pero se había acabado la canción,
Ya no quedaba un ritmo que nos guiase,
Y se hizo la luz y se rompió la magia,
Y como en la cenicienta, nos fuimos antes de tiempo,
Y la maldita carroza era otra vez una calabaza,
Y yo ya no era princesa,
Solo era yo, joder, solo era yo,
Todos los colores volvieron a ser brillantes,
Y llegó el adiós,
Tan obvio, tan opaco, tan tangible como yo misma,
Y se acabaron las sonrisas,
Se acabó lo bonito de la espontaneidad,
Y las dudas, los remordimientos, la maldita soledad,

Reemplazaron esa pequeña parte de universo infinito que casi alcanzamos a tocar.